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TEEYLT 15.- ¿HABRÁ QUE SALIR, NO?

Esa fue la sugerencia que nos hizo el guardia jurado que se encargaba de vigilar el ayuntamiento aquella tarde, cuando después de toda la parafernalia se nos abalanzó la gente para abrazarnos y besarnos. Claro está, había que cerrar el ayuntamiento, y es que eran ya más de las ocho de la tarde.

Lo que ocurre es que hay que ser muy valientes para poder salir a la calle y atreverse a lidiar con esto que nos encontramos al salir:

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Ante tal despliegue de medios, banderitas rojas y blancas, pompas de jabón, arroz de colores y demás objetos arrojadizos, tuvimos que defendernos como pudimos, es decir, con pistolas… de agua.

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Pero como todos los finales de boda son felices, al final de la batalla de arroz, todo terminó con un beso de película.

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68.- EL ARROZ

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Este domingo el novio se va a Almería. La novia tiene que trabajar unos días más, y aunque resulte curioso, hacen cambio de familia. La novia se queda con la suegra y el novio se va con los suegros (y con el resto de la familia). Así que aprovechando que tiene que pegarse el viaje, y aunque sea dando un rodeo, se va a parar a hacer una visita a unas amigas de Valencia que estarán el día de la boda.

Así que como el novio se va a Almería, pasando por Valencia, y la especialidad culinaria valenciana es el arroz… hay que hablar del arroz. ¡¡Qué bien hilado todo para llegar al tema!!

Para evitar que pase lo que pasa en todas las bodas, es decir, que a última hora y cuando está la gente llegando a la ceremonia, alguien pregunta: “¿Habéis traído el arroz?”. Y de repente, todo el mundo se da cuenta que no ha traído nadie arroz y hay que salir corriendo a buscar alguna tienda de ultramarinos abierta para comprar un par de kilos de tan rico cereal.

Pues todos tranquilos. Todas relajadas. Hemos preparado arroz para que nos tiréis con saña y alevosía, que sabemos que os gusta. Eso sí, será un arroz tuneado, en nuestra línea.

Ah, y pensamos salir con gafas de bucear para evitar que nos coléis algún granito en el ojo. Y es que preferimos ver el grano en el ojo ajeno, y no en el nuestro.

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